(Escribo "Los días de Ícaro" para todo el mundo, pero voy a empezar a utilizarlo con mis alumnos. Empiezo con unas notas sobre la crítica literaria periodística. Es un texto un poco largo para el blog, pero sé que lo leerá quien le interese.)
Para hacer crítica literaria es indispensable que nos guste leer. Parece obvio, pero hay que decirlo. Se pueden escribir críticas literarias sin que nos guste leer, y seguramente muy buenas, pero será un tormento y la calidad se verá afectada.
Cuidado con las críticas negativas, porque uno puede tender a demoler una obra o un autor. Es muy recomendable sólo escribir, en la medida de lo posible, de lo que nos gusta.
Tened en cuenta que es muy fácil escribir una crítica y muy difícil escribir un libro. Que es mucho más difícil ser escritor que crítico. Esto no conviene olvidarlo nunca. En general, y en mi opinión, la crítica está hecha por un enano sobre un gigante, y por eso hay que tener mucho cuidado con nuestros juicios.
Si lo pensamos bien la crítica sólo deberían hacerla escritores que ya han demostrado mucho con su carrera. Sería una crítica de escritores sobre escritores, de iguales.
Cuando un crítico machaca a un autor, estéticamente queda mal: ¿por qué se comporta ese crítico así con ese escritor?, ¿qué esconde ese crítico para destrozar a ese autor?
En cualquier caso conviene argumentar tanto los elogios como las críticas.
Vázquez-Figueroa dice que lo malo de la crítica es que te alaba o te destroza, cuando lo que tiene que hacer es “ayudar” al escritor y a la obra.
¿Qué es ayudar? Ayudar es, utilizando un tono amable, señalar los puntos fuertes y los débiles, y, en lugar de ensañarse con los débiles, ofrecer al escritor alternativas para el futuro. Pero para esto, claro, el crítico debe ser más que un crítico, alguien capaz de imaginar, crear, a partir de un texto.
Por ejemplo, si el escenario de una novela es España y el crítico piensa que es un gran fallo en la acción de los personajes, podría proponer que fuera otro, Francia por ejemplo.
También en esto hay que ser prudente.
Hay que tender al término medio, en el elogio y en la crítica, y si hay que apasionarse, que sea en sentido positivo y no negativo. Hay que templar la crítica, y hay muchas maneras de decir que no nos ha gustado un libro, o que nos parece malo.
También podría sernos útil ponernos en el lugar del autor que ha escrito el libro, tanto si nos ha gustado como si no. Esto puede hacer que enfoquemos la crítica de una manera más positiva y constructiva.
Con la crítica literaria hay que tener cuidado. Los críticos pueden ser muy despreciados, sobre todo por los escritores, que consideran que es una ocupación subalterna, parásita y casi siempre mal hecha. Ya hemos hablado de este tema, pero ahora tenemos que defender la figura del crítico.
Para una persona que le apasione leer –algo indispensable en un crítico-, el que le paguen por leer y por dar su opinión, es un regalo de los dioses. Yo he sido crítico durante años y he disfrutado mucho leyendo y criticando libros que me gustaban –casi siempre elegidos por mí-, pero también creo que la crítica es un oficio que se debe desempeñar ocasionalmente, o en una época de la vida. No recomiendo a nadie, porque no me lo recomiendo a mí mismo, ser crítico toda la vida. En mi opinión de nuevo, hay que aspirar a más.
Pero hacerlo ocasionalmente sigue siendo una delicia.
La crítica es un género literario más, y como tal hay que tomárselo porque así lo haremos mejor. Tiene unas exigencias propias, unas características, una estructura y un tono determinado.
Óscar Wilde decía que la crítica era el género superior, por encima de todos los demás, pero me temo que esto es una boutade más del gran escritor que era Wilde. Por supuesto a O.W. no le recordamos por sus críticas sino por "El retrato de Dorian Gray", sus obras de teatro y tal vez sus cuentos para niños. Aunque la fama y la magia de O.W. son tan grandes que ahora se le valora toda su obra, incluidos sus ensayos. Cualquier obra que se reedita suya tiene su éxito y sus seguidores. Pero la crítica… menos o nada.
La crítica en eso es muy periodística; tiene una exigencia fugaz. Se publica para dar servicio al lector durante un día, una semana, o un mes, según la periodicidad de las publicaciones. Es muy raro, rarísimo, que se reúnan en libro críticas, y recordemos que cuando algo se publica, en libro, en revista, en Internet… es porque interesa a alguien, a muchas personas. Cada publicación va a satisfacer un interés y una demanda determinados.
Pasos que hay que dar para hacer una crítica:
-Leer el libro.
-Subrayarlo y tomar notas.
-Documentarse sobre el autor y el resto de su obra.
-Hacer en el libro un pequeño resumen de su contenido, o, mejor, una introducción. Hay que animar al lector a que lea, si el libro merece la pena, pero sobre todo hay que orientarlo.
-No desvelar los finales. Se puede decir que el final es sorprendente, bueno, etc. pero no desvelarlo. En la crítica periodística, que es de la que estamos hablando.
-La crítica tiene que llevar al libro o recomendar al lector que no llegue a leer el libro.
-Hay que pensar en lo que necesita el lector, situarlo ante la lectura. Hay que comentar quién es el autor, lo que ha hecho, los rasgos fundamentales de su personalidad, de sus ideas, etc. Cuanto más sepamos del autor mejor será la crítica, aunque también tendremos que seleccionar mucho lo que digamos, porque no podemos escribir todo.
-La crítica puede ser un género ingrato, no da fama y la satisfacción que nos produzca es algo muy subjetivo, personal. No es como una columna o un reportaje, géneros con mayor entidad y no "parásitos". Pero una crítica si se hace bien puede ser una pequeña obra de arte. En el fondo es hacer lo que todo el mundo hace cuando lee, pero de forma consciente, ordenada, informada, desarrollada. El crítico tiene la suerte de reflexionar en público sobre un libro, y que le paguen.
Cuando digo "parásito", con ironía y haciéndome eco de las opiniones de muchos escritores, me refiero a que es un género que vive claramente de la obra de otros. Una crítica no existe sin un libro, y eso no se puede olvidar. Una crítica se hace en relativamente poco tiempo -aunque se lleva mucho tiempo-, comparado a un libro, que es un abismo de horas.
-Es muy importante la estructura. Por eso recomiendo que escribáis primero las ideas fundamentales de lo que queráis decir, y luego, sobre la marcha, que las vayáis organizando.
-Una posible estructura puede ser:
-Pequeña ficha bibliográfica: título, autor, editorial, año de impresión. Precio del libro.
-Presentación del libro.
-Presentación del autor.
-Resumen del contenido del libro, sin contar los finales ni desvelar nada realmente importante en la intriga del libro, si se trata de una novela.
-Ideas fundamentales. Mensajes ocultos.
-Opinión personal y valoración: debe ser muy profesional. Este género no es objetivo, vale mucho la subjetividad del crítico, pero su opinión debe ser profesional, templada, razonada. Si no nos ha gustado el libro, no podemos decirlo directamente, pero podemos razonar por qué no nos ha gustado. Los libros no son malos o buenos sin más; hay obras maestras que a algunos les parecen petardos, y al revés. Pero nosotros leemos con nuestra formación, nuestros gustos, nuestra subjetividad. También podemos pensar en otros lectores y lo que pensará del libro en cuestión. Es bueno ser abiertos, y si no somos autores muy prestigiosos, prudentes. No es lo mismo una crítica firmada por un Premio Nobel que por nosotros.
-En una crítica no se trata de hacer literatura, sino de escribir de forma clara lo que contiene un libro, valorándolo y explicando un poco quién es el autor. También es una buena idea, si podemos hacerlo, situar el libro en su época y en la obra del escritor.
No se trata de hacer literatura pero conviene que nuestras críticas estén muy bien escritas. Van dirigidas a un público muy aficionado a los libros, muy conocedor de la literatura y de todo lo que contienen los libros. Digamos que nos movemos entre un grupo de personas que se parecen a nosotros mucho más de lo que pensamos. Tienen la misma curiosidad y el mismo interés por los libros que nosotros.
Como cualquier artículo, y una crítica es un artículo, hay que cuidar mucho el principio y el final. El principio engancha al lector y el final le deja un buen o mal sabor de boca. Se trata, en primer lugar, de que nos lean, y luego de hacer una gran crítica.
Hay que escribirla, a ser posible de un tirón, contando antes con las ideas fundamentales, apuntadas en un papel, en el ordenador o en nuestra cabeza. Luego hay que revisar varias veces el texto corrigiendo, quitando, añadiendo.
En periodismo el espacio es limitado y tenemos siempre que hacer un esfuerzo para encajar nuestro texto en un determinado número de palabras. Esto hay que saberlo desde el principio, cuántas palabras podemos escribir, y enfocar nuestra crítica según ese espacio.
Todo esto se va aprendiendo poco a poco con la práctica. Una crítica literaria es muy parecida al comentario escolar de un libro, pero mucho más profesional. La profesionalidad se demuestra en la forma de trabajar y la calidad obtenida. Conocimientos, talento y experiencia.
No olvidar, insisto, para cualquier clase de crítica, que las obras y sus autores merecen un respeto, aunque sólo sea por el esfuerzo que hay que poner en escribir un libro, hacer una película, etc.
El esfuerzo que requiere un libro es heroico, y debemos tenerlo siempre en cuenta.
lunes, 12 de octubre de 2009
domingo, 11 de octubre de 2009
Entre la niebla
Tengo la piel en llamas. He salido de casa para caminar, para olvidarte mientras te busco, perdida en aquellas últimas palabras que me dijiste.
La ciudad está turbia. Siempre me agobió la ciudad, pero tú me la hacías amable. Añoro el abrazo que te di el primer día, tu desconsuelo cuando me dijiste que no podrías nunca amarme. Ya me amabas entonces, pero no podías seguir. El amor no es de este mundo, te dije, y tú eres de este mundo.
No te encontraré nunca. Te perdí. Pero siempre aparecerás entre la niebla, enseñándome el sol, tomándote un helado, fotografiada en mi quiosco favorito.
E.M.R.
La ciudad está turbia. Siempre me agobió la ciudad, pero tú me la hacías amable. Añoro el abrazo que te di el primer día, tu desconsuelo cuando me dijiste que no podrías nunca amarme. Ya me amabas entonces, pero no podías seguir. El amor no es de este mundo, te dije, y tú eres de este mundo.
No te encontraré nunca. Te perdí. Pero siempre aparecerás entre la niebla, enseñándome el sol, tomándote un helado, fotografiada en mi quiosco favorito.
E.M.R.
sábado, 10 de octubre de 2009
Premio
¿Antes de darte un premio te deberían preguntar si lo quieres? No se habla mucho del saber premiar, y para esto también hay que tener talento. Hace un año le pregunté a Juan Goytisolo por el premio Cervantes, pues sonaba desde hace tiempo como favorito, y me dijo algo muy claro: "No son los premios los que premian a los escritores, son los escritores los que premian a los premios." Esto vale para cualquier premio, no sólo literario.
Goytisolo ganó aquel año el premio Cervantes.
Los premios tienen sentido cuando son merecidos y cuando estimulan, impulsan, abren caminos. Hay gente que no debería ganar premios, porque deberían estar más allá de ellos. Y hay gente que los persigue y ambiciona, moviendo todos sus hilos por conseguirlos. Hace poco me dijo Sánchez Dragó: "Las cosas hay que hacerlas por sí mismas, no por los elogios que te puedan proporcionar." Creo que tenía mucha razón, aunque somos humanos y los elogios nos animan.
Ganar un premio cuando uno necesita darse a conocer en su duro camino, me parece maravilloso. Ganarlo después de un duro camino, lleno de esfuerzo y cientos de pequeñas metas y sinsabores, también. Premiar lo obvio me parece mal, premiar de cara a la galería me parece mal, premiar lo que está de moda me parece mal, premiar en clave periodística -en el peor sentido-, inmediata y efímera, me parece mal. Premiar de forma absurda, poniendo una losa encima del premiado también me parece mal.
Hay que saber ganar premios. Hay que saber renunciar a ellos. Hay que saber premiar. Y como le oí una vez a Pedro J. Ramírez: "Dime a quién premias y te diré cómo eres."
E.M.R.
Goytisolo ganó aquel año el premio Cervantes.
Los premios tienen sentido cuando son merecidos y cuando estimulan, impulsan, abren caminos. Hay gente que no debería ganar premios, porque deberían estar más allá de ellos. Y hay gente que los persigue y ambiciona, moviendo todos sus hilos por conseguirlos. Hace poco me dijo Sánchez Dragó: "Las cosas hay que hacerlas por sí mismas, no por los elogios que te puedan proporcionar." Creo que tenía mucha razón, aunque somos humanos y los elogios nos animan.
Ganar un premio cuando uno necesita darse a conocer en su duro camino, me parece maravilloso. Ganarlo después de un duro camino, lleno de esfuerzo y cientos de pequeñas metas y sinsabores, también. Premiar lo obvio me parece mal, premiar de cara a la galería me parece mal, premiar lo que está de moda me parece mal, premiar en clave periodística -en el peor sentido-, inmediata y efímera, me parece mal. Premiar de forma absurda, poniendo una losa encima del premiado también me parece mal.
Hay que saber ganar premios. Hay que saber renunciar a ellos. Hay que saber premiar. Y como le oí una vez a Pedro J. Ramírez: "Dime a quién premias y te diré cómo eres."
E.M.R.
viernes, 9 de octubre de 2009
¿Renunciar?
Un lector, un visitante de "Los días de Ícaro", después de leer la última entrada, "Siempre ánimo", me sugiere que a veces es mejor renunciar, pararte, o dar unos pasos hacia atrás, pero no para seguir adelante. Empecé a escribir un comentario, pero al final me he dado cuenta de que es mejor hacer una entrada completa.
Es un tema muy complejo. La pregunta que hay que hacerse es hasta qué punto queremos eso, lo necesitamos, hasta qué punto nos da la vida lo que queremos "conseguir". No me gustan estos términos, porque todo parece una caza. Mi filosofía de la vida ha sido siempre luchar a muerte por lo que realmente quería, tal vez porque se me imponía. Uno no puede luchar contra una verdadera vocación, por ejemplo, es como un parásito que tenemos dentro al que hay que alimentar. "Parásito" tampoco es una palabra bonita, pero algo de eso tiene la vocación, o un amor, un fuerte enamoramiento.
Cómo puede renunciar uno a un gran amor. No renuncia nunca, lo renuncian.
Siempre he luchado por lo que quería, y por supuesto que he tenido muchos fracasos, pero también muchos éxitos. Hay que saber lo que uno quiere, auscultar a fondo la grandeza de ese "deseo" y lanzarse a conseguirlo. Podemos atravesar el desierto, un largo desierto, con pocas recompensas, pero creo demasiado en la voluntad humana como para decir que no tendremos éxito.
Éxito es otra palabra que tampoco me gusta. Pero con palabras debemos expresarnos; es otra servidumbre, magnífica, pero servidumbre. Las palabras siempre tienen dos caras, y una es poco amable, imperfecta. Pero para eso la comunicación congrega a muchas personas: para que unos hagan el esfuerzo de expresarse y otros hagan el esfuerzo de entender lo que el otro dice.
Hay que trabajar sin pausa por lo que anhelamos, por lo que somos, hay que luchar sin pausa por lo que amamos, sembrando y recogiendo, levantándonos de nuestras caídas. No hay que rendirse.
Si renunciamos es porque hemos reflexionado y hemos llegado a la conclusión de que no merecía la pena, pero todos sabemos que hay cosas en la vida por las que merece la pena luchar hasta el final.
Siempre ánimo. Muchas gracias a mi anónimo visitante por su comentario.
Es un tema muy complejo. La pregunta que hay que hacerse es hasta qué punto queremos eso, lo necesitamos, hasta qué punto nos da la vida lo que queremos "conseguir". No me gustan estos términos, porque todo parece una caza. Mi filosofía de la vida ha sido siempre luchar a muerte por lo que realmente quería, tal vez porque se me imponía. Uno no puede luchar contra una verdadera vocación, por ejemplo, es como un parásito que tenemos dentro al que hay que alimentar. "Parásito" tampoco es una palabra bonita, pero algo de eso tiene la vocación, o un amor, un fuerte enamoramiento.
Cómo puede renunciar uno a un gran amor. No renuncia nunca, lo renuncian.
Siempre he luchado por lo que quería, y por supuesto que he tenido muchos fracasos, pero también muchos éxitos. Hay que saber lo que uno quiere, auscultar a fondo la grandeza de ese "deseo" y lanzarse a conseguirlo. Podemos atravesar el desierto, un largo desierto, con pocas recompensas, pero creo demasiado en la voluntad humana como para decir que no tendremos éxito.
Éxito es otra palabra que tampoco me gusta. Pero con palabras debemos expresarnos; es otra servidumbre, magnífica, pero servidumbre. Las palabras siempre tienen dos caras, y una es poco amable, imperfecta. Pero para eso la comunicación congrega a muchas personas: para que unos hagan el esfuerzo de expresarse y otros hagan el esfuerzo de entender lo que el otro dice.
Hay que trabajar sin pausa por lo que anhelamos, por lo que somos, hay que luchar sin pausa por lo que amamos, sembrando y recogiendo, levantándonos de nuestras caídas. No hay que rendirse.
Si renunciamos es porque hemos reflexionado y hemos llegado a la conclusión de que no merecía la pena, pero todos sabemos que hay cosas en la vida por las que merece la pena luchar hasta el final.
Siempre ánimo. Muchas gracias a mi anónimo visitante por su comentario.
jueves, 8 de octubre de 2009
Siempre ánimo
No dejes de trabajar, Ícaro, no detengas tu camino nunca. Puedes corregir un poco tu trayectoria, aprendiendo, pero no te detengas. Avanza más despacio para hacer los giros, tómatelo con más calma, pero no te detengas. En la vida siempre, todos los días, se entrelaza lo bueno y lo malo. Hay que aceptarlo. Serenidad para lo malo y grandeza para lo bueno. La serenidad es una nueva experiencia de la vida, una nueva dimensión. Mientras caminamos vemos abrirse y cerrarse puertas continuamente, largo pasillo... Es como un juego. No te desesperes porque se cierre una puerta; se está abriendo otra inmediatamente. Enriquécete con el camino. Si quieres ser sabio llénate de los demás y aprende a localizar su bondad y su maldad, su inteligencia o tontería, sus valores y debilidades. Destierra la ingenuidad. Acéptate pero mejórate. No seas duro, sé fuerte, resistente. No vayas de santo, ni de maestro, ni de nada... todo se hace día a día y cuando está maduro se muestra solo.
Siempre ánimo.
Siempre ánimo.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Fe en el ser humano
Hay que tener más confianza en el ser humano, y lo digo en primera persona. No siempre confío en los valores del hombre, y más en esta época. Quizá otras fueran peores, quizá ésta sea mejor que todas las anteriores. Yo sólo he vivido ésta.
Sólo sé que hoy se me ha llevado el coche la grúa, fuera de mi casa, fuera de mi ciudad, y que encontré a mi lado toda una conspiración del bien. Me ayudaron varias personas: a localizar a la policía, a localizar el depósito de coches, a leer las "Páginas amarillas", yo, experto en libros, que no sé leer estas guías.
Un hombre, un joven, se ofreció a llevarme al depósito de la policía municipal, "porque me vio preocupado". Eso me dijo.
Casi me pareció barato lo que tuve que pagar por sacar mi pequeño coche blanco, el "escritor-móvil", que es como llamo a todos mis coches, mis pequeños coches.
Un despiste, una equivocación, un llamarme tonto muchas veces, pero un saber que todo se puede pasar, todo se puede superar, lo pequeño y lo grande, y que en lo peor del camino es donde te sale la mejor gente.
Hoy he recuperado algo de la fe perdida por el ser humano. Yo también tengo muchos defectos, no soy ningún modelo, tan centrado en "lo mío".
"Si hubiera estado en tu situación, a mí me hubiera gustado que alguien hiciera lo que estoy haciendo contigo". Eso fue lo que dijo mi nuevo amigo.
Conozco su nombre de pila, pero no lo voy a decir por respeto. Le llamaré Amigo.
Dice Aristóteles que amigo es el que hace algo por nosotros. Él era mi amigo, es mi amigo.
Soy unos euros más pobre, pero mucho más rico humanamente. Mi fe en el ser humano se ha robustecido.
Ahora no sólo creo en Dios; también creo en el hombre. Somos capaces de todo cuando nos vemos en el espejo del otro.
E.M.R.
Sólo sé que hoy se me ha llevado el coche la grúa, fuera de mi casa, fuera de mi ciudad, y que encontré a mi lado toda una conspiración del bien. Me ayudaron varias personas: a localizar a la policía, a localizar el depósito de coches, a leer las "Páginas amarillas", yo, experto en libros, que no sé leer estas guías.
Un hombre, un joven, se ofreció a llevarme al depósito de la policía municipal, "porque me vio preocupado". Eso me dijo.
Casi me pareció barato lo que tuve que pagar por sacar mi pequeño coche blanco, el "escritor-móvil", que es como llamo a todos mis coches, mis pequeños coches.
Un despiste, una equivocación, un llamarme tonto muchas veces, pero un saber que todo se puede pasar, todo se puede superar, lo pequeño y lo grande, y que en lo peor del camino es donde te sale la mejor gente.
Hoy he recuperado algo de la fe perdida por el ser humano. Yo también tengo muchos defectos, no soy ningún modelo, tan centrado en "lo mío".
"Si hubiera estado en tu situación, a mí me hubiera gustado que alguien hiciera lo que estoy haciendo contigo". Eso fue lo que dijo mi nuevo amigo.
Conozco su nombre de pila, pero no lo voy a decir por respeto. Le llamaré Amigo.
Dice Aristóteles que amigo es el que hace algo por nosotros. Él era mi amigo, es mi amigo.
Soy unos euros más pobre, pero mucho más rico humanamente. Mi fe en el ser humano se ha robustecido.
Ahora no sólo creo en Dios; también creo en el hombre. Somos capaces de todo cuando nos vemos en el espejo del otro.
E.M.R.
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