lunes, 1 de febrero de 2010

Kuwait estratégico V

El futuro


¿Cuál es el futuro de Kuwait? Virginia Sandrock contesta con contundencia: “En términos generales, los países del Golfo van a adquirir una tremenda importancia y están reformando su política. La mayor parte de su población está por debajo de los 25 años…”
Lo importante es que son países jóvenes, ricos, con ganas de alcanzar un futuro diferente. Están dispuestos a invertir los grandes recursos que la naturaleza les ha regalado para transformarse y dar al mundo una idea distinta de sí mismos, más allá del petróleo y los tópicos.

domingo, 31 de enero de 2010

Kuwait estratégico IV

Kuwait estratégico


Todos los expertos consultados para escribir este artículo coinciden en que Kuwait es importante en el mundo por un solo aspecto: el petróleo. No es poco. “Por eso ha reinvertido mucho de sus ingresos de petróleo en países del extranjero –dice Paul Halloran-. Esto es una medida inteligente y prudente por cuanto el petróleo un día se acabará.”
El profesor Faruk Abu-Chacra, de la Universidad de Helsinki insiste mucho en que los kuwaitíes tienen que empezar a invertir en sí mismos, en su propio país. Pero Kuwait es un país extremadamente rico en petróleo que carece de otros recursos. Antiguamente, era rico en pesca y perlas, por ejemplo, pero la pesca ya no significa lo que significaba antes en su economía. Como otros países de la zona, era un país de comerciantes. Ahora es un país de hombres de negocios y de gente venida de todo el mundo, especialmente de los países colindantes: indios, yemeníes, pakistaníes… para explotar el petróleo y lo que el petróleo genera a su alrededor.
Kuwait está muy cerca de Arabia Saudí, y ya sabemos que su relación no es completamente buena, aunque se parezcan tanto. “Kuwait y Arabia Saudí son diferentes de la mayoría de otros países árabes por su postura de ser islamistas –nos dice Paul Halloran-; su petróleo les preserva del shock financiero y subsidia la pereza de su propia gente. En poco tiempo no tienen que trabajar; por eso la mayoría de los trabajadores son extranjeros.”
¿Pereza? En Kuwait los nacionales, que deben demostrar que son kuwaitíes desde 1920, tienen pagada la casa, el gas y la electricidad. Hay que tener un temple muy bien formado para seguir trabajando en esas condiciones, pero los kuwaitíes que yo vi durante mi viaje eran dinámicos y trabajadores. Se han dado cuenta de que para estar al nivel que quieren ostentar en el mundo, tienen que invertir su tesoro, el petróleo, en tecnología y negocios por todo el mundo. Kuwait quiere ser un centro financiero, como demuestran las grandes torres que se están construyendo. Kuwait sigue siendo un país en formación, que ya sabe lo que quiere ser y que quiere alcanzarlo, más allá del petróleo.

sábado, 30 de enero de 2010

Kuwait estratégico III

Kuwait


Kuwait es complejo, como cualquier país, aunque sea muy pequeño. Se encuentra al final del Golfo Pérsico, donde forma una especie de vértice de un triángulo. Tiene dos millones y medio de habitantes, de los cuales el 40 % son kuwaitíes y el resto de otros países. Casi toda la población vive en la Ciudad de Kuwait, pero hay otros lugares en los alrededores; el resto del país es desierto. El petróleo crece en la confluencia con Irak y Arabia Saudí. Kuwait es uno de los mayores productores de petróleo del mundo.
Ya en el aeropuerto se puede ver la estratificación de la sociedad, parecida en el fondo a la que tenemos en España, aunque con matices. En el aeropuerto, los mozos son casi todos indios, y van vestidos con un uniforme azul, con gorro incluido. El que me tocó a mí era de Blangadesh. Cuando fui a montarme en el coche, en el aeropuerto, le fui a dar una propina y le di algo más de dos euros. Se me indignó profundamente. Están acostumbrados a viajeros muy ricos, y mis monedas le parecieron una miseria. “Paper, paper”, me dijo, “papel, papel, billetes…” Recomiendo, en Kuwait, en cualquier sitio, dar propinas generosas o no dar nada. Si no das nada, les resulta indiferente, al menos en apariencia, pero si das poco, no te lo perdonan.
Primavera es una época muy buena para visitar Kuwait, con temperaturas bastante templadas para los sentidos occidentales. Por la mañana hace calor, más de treinta grados, y por la noche la temperatura es verdaderamente agradable.
El mar se puede contemplar muy bien desde las Torres de Kuwait, dos torres prácticamente gemelas, con dos bolas enormes, una llena de agua dulce que abastece a la ciudad, y otra llena de alimento. En una torre, en lo alto, hay una cafetería, y en la otra un restaurante. En la cafetería uno puede dejarse llevar por un suelo deslizante que va dando vueltas en torno a la torre, con lo que se contempla la ciudad y el mar.
Uno de los descubrimientos que hice ante el Golfo Pérsico, fue que el mar huele igual en todas partes. O en todas partes que yo conozco; huele igual en Nueva York, en el Pacífico de Chile, en las Rías Altas gallegas, en el Golfo Pérsico… Éste debería ser un buen punto de arranque para la concordia entre los pueblos. Debería ser el mar un símbolo que nos uniera.

viernes, 29 de enero de 2010

Kuwait estratégico II

Kuwait, Qatar, Dubai

Es curioso cómo emiratos como Qatar y Dubai son más conocidos en el mundo que Kuwait, siendo Kuwait muy rico en petróleo y habiendo protagonizado –como víctima- un conflicto tan famoso como la primera guerra del Golfo.
Christopher Dickey, director de la revista Newsweek en Oriente Medio, nos da algunas respuestas para entender este fenómeno: “Una razón muy simple para explicar que Qatar y Dubai sean más conocidos que Kuwait, es que gastan masivas cantidades de dinero en publicitarse como destinos de negocio y, en el caso de Dubai, de placer. Si uno mira atrás unos cuantos años, verá que Dubai tiene que hacer esto para sobrevivir, teniendo en cuenta que sus reservas de hidrocarburos son muy limitadas.” Dubai ha llegado a abrir ramas del Museo del Louvre y del Guggenheim, lo que ha provocado celos en la zona.
El director de Newsweek en la región de Oriente Medio, analiza la popularidad de Qatar: “Este emirato también es extremadamente rico, gracias al gas natural, pero está intentando promocionarse como centro educacional y médico tanto como centro cultural. Estos tres emiratos, Kuwait, Qatar y Dubai, tienen buenos aeropuertos, especialmente Qatar y Dubai, que se están volviendo más grandes y mejores. Esto nos sirve como un indicador de las actitudes del gobierno hacia una apertura global.”
Paul Halloran, director y editor de revistas como Baltic Business Review y Russian Business Review, nos da algunas claves más de por dónde va esta zona del mundo: “Los Emiratos están diversificándose en el turismo y la alta tecnología con duty free para las zonas de comercio. Incluso en Yemen, que es un país muy tradicional, están intentando desarrollar el turismo, curiosamente sin la ayuda de Kuwait.”

jueves, 28 de enero de 2010

Kuwait estratégico

Viajé dos veces a Kuwait por gentileza de la Embajada Kuwaití en España. Creí estar en otro mundo, un mundo completamente nuevo, distinto, con otra forma de ver la vida y de hacer las cosas, aunque Kuwait, como otros países del Oriente musulmán, hayan adoptado muchas de nuestras costumbres, nuestra forma de funcionar. Pero sus costumbres más profundas las conservan celosamente. Es curioso cómo han adaptado lo nuevo, lo nuestro, a lo suyo, lo de siempre, para que ambas cosas funcionen. Otra cosa es que no tengan sus problemas y que deban evolucionar, y lo saben. Nosotros también debemos evolucionar.
Escribí dos artículos sobre Kuwait, uno para “Expansión” y otro para “Diplomacia”. Éste es el segundo de ellos. Me faltó poco para hacer un libro sobre los países del Golfo, los países del petróleo, en inglés, pero no lo hice. El futuro es largo y aún tengo que viajar, ver y escribir mucho sobre estos países.


Kuwait estratégico


De Kuwait los españoles sabemos muy poco. Sabemos que es un emirato del Golfo Pérsico, que se encuentra colindante a Irak y que sufrió en 1991 la invasión de las tropas de Sadam Hussein. Sabemos que es muy rico en petróleo… y poco más.
En este artículo vamos a conocerlo un poco mejor de la mano de un puñado de expertos en Oriente Medio. Vamos a saber por qué Kuwait es considerado un país estratégico y cuáles pueden ser las claves de su futuro.
En marzo asistí en Kuwait a un Seminario de Periodismo con el tema central del “Papel de los medios de comunicación en el diálogo entre Occidente y el Mundo Árabe”. Me parece interesante intercalar algunas notas de mi viaje a Kuwait, mis observaciones, con las opiniones de grandes expertos internacionales sobre el presente y el futuro de Kuwait.


Pisar Oriente Medio


Virginie Sandrock, experta francesa en relaciones internaciones y socia directora de VM Consulting, nos explica la importancia estratégica de Kuwait: “Kuwait se encuentra entre tres gigantes de la región: Irak, en guerra, Irán –problema chiíta-, y Arabia Saudí, su enemigo tradicional en el Golfo Pérsico. Es un pequeñísimo país, lo que significa un ejército muy pequeño, pero con muy buena economía, gracias a los ingresos por el petróleo. Recordemos que, entre los países del golfo, Kuwait tiene los mayores ingresos de hidrocarburo por persona después de Qatar.”
Para Virginie Sandrock la situación en la región, a grandes rasgos, es la siguiente: “Irak invadió Kuwait para tener acceso al Golfo Pérsico, y Arabia Saudí y Kuwait no son realmente muy amigos. Son muy similares, pero muy diferentes. También está la cuestión, como en todas partes en el Golfo, de las minorías chiítas, detrás de la cual, entre líneas, está la relación con Irán, y los trabajadores extranjeros que vienen de Filipinas.”

miércoles, 27 de enero de 2010

Entrevista con el Dr. Jerónimo Sáiz, psiquiatra

Jerónimo Sáiz

Psiquiatra y catedrático de Universidad


“Tenemos tasas de curación comparables a cualquier especialidad”



La corbata llamativa, la barba perfilada y el cabello, entrecano, de raya perfecta. El Dr. Jerónimo Sáiz es catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Alcalá de Henares, y jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal.
Está considerado el máximo especialista en España del trastorno bipolar, la “enfermedad de las emociones”. Autor de numerosos libros y artículos, heredero de médicos clásicos como López Ibor, el Dr. Sáiz también es un gran experto en otras cuestiones, como la ludopatía, la ansiedad y el pánico.
Afirma que la psiquiatría “tiene tasas de posibilidades de tratamiento y de curación en todo comparables a las de cualquier otra especialidad médica”.


-¿Por qué las enfermedades mentales tienen tan mala prensa?
-Es verdad. Uno de los problemas con los que nos tenemos que enfrentar los psiquiatras, los enfermos y sus familias, es el estigma de la enfermedad mental: el prejuicio social. Explicarlo no es fácil, pero probablemente la locura encierra uno de los temores básicos de la existencia humana: la desaparición.
-Hay muchos tipos de desaparición.
-Se puede desaparecer a través de la muerte, la desaparición física, pero si uno pierde la razón también desaparece. Y esto genera angustia y rechazo. Uno parece que se aleja del problema si no lo toca, si no lo ve, si no lo admite. Por otra parte, hay una serie de mitos rodeando a la enfermedad mental, como son que el enfermo mental es incurable, que es impredecible, que es peligroso…
-¿Por qué aparecen estos mitos?
-Son arquetipos que están en nuestra cultura, se adquieren por la educación y luego son muy difíciles de modificar. Son actitudes internas, y se expresan muchas veces aunque la razón diga lo contrario.
-Puede poner un ejemplo.
-Sí, por ejemplo entre los psiquiatras, que han estudiado cómo es la enfermedad mental y tienen conocimiento objetivo. Si tú les preguntas te dirán que la enfermedad mental es muy parecida a cualquier otra enfermedad, en cuanto a pronóstico, tratamiento, etc. Pero sin embargo si se enfrentan de una manera directa a ella; por ejemplo, si un hijo o una hija suya tiene un novio o novia que padece una enfermedad mental, entonces su conducta no va a ser tan racional.
-Eso es muy serio.
-Es algo parecido a lo que puede ocurrir con el racismo, y de ahí viene la discriminación, la exclusión, el rechazo de la sociedad. También el tratamiento que los medios de comunicación hacen muchas veces del enfermo mental y la enfermedad mental ayuda poco. Nosotros nos sentimos muy insatisfechos con eso.
-¿Por qué?
-Cuando sucede una desgracia: un enfermo mal tratado o que no ha sido detectado, comete un delito, con características muy llamativas, muchas veces sin historia y sin lógica: una persona mata a tres desconocidos… Eso genera unos titulares en los periódicos tremendos, y hace mucho daño a otros enfermos y no justifica la realidad de que los enfermos mentales en términos generales tengan ese peligro. Hay una batalla en la psiquiatría por mejorar esa percepción del enfermo mental.
-Uno de los mitos es que es incurable, pero usted ha curado a muchos. ¿Qué se siente al curar a uno?
-Mucha satisfacción, sobre todo en algunas enfermedades que tienen su comienzo en la adolescencia o primera juventud. Si la enfermedad no ha sido bien tratada, o ha tenido una evolución negativa, estas personas quedan muy fuera de juego: hablo de que no hayan podido terminar sus estudios, o encontrar un trabajo como es debido.
-¿Qué ocurre cuando uno de sus pacientes se cura?
-Cuando esto se controla, cuando las personas mejoran, vemos cómo recuperan todo ese tiempo perdido, y se instalan en una vida en la que hay muchos más elementos de satisfacción para ellos y para los demás. Pero también da satisfacción curar otras enfermedades, muy invalidantes.
-¿Por qué se especializó en psiquiatría?
-Es difícil muchas veces el saber por qué. Yo soy de una familia de médicos: mi padre y mi abuelo eran médicos. Con especialidades muy diferentes: mi abuelo era ginecólogo y mi padre era odontólogo, dentista. Tanto una cosa como otra tuve claro desde el principio que no iba a hacerlas. Y otro aspecto que me influyó bastante es que yo soy bastante torpe en las actividades manuales, pero he sido bueno para todo lo conceptual. Creo que desde muy pronto en la carrera, quizá desde segundo año, decidí que iba a ser psiquiatra.
-Muchas veces elegimos por eliminación.
-Sí, psiquiatría en aquella época, hace más de treinta años, era bastante diferente del resto de las especialidades médicas. Ahora afortunadamente se ha hecho más afín, y estamos en mejor situación. Pero realmente es muy distinta.
-Usted es especialista en el trastorno bipolar. ¿Cómo lo explicaría a un público amplio?
-El trastorno bipolar es una enfermedad en la que se produce una alteración de la regulación del estado de ánimo. Esta alteración provoca que aparezcan episodios tanto de un ánimo exaltado, eufórico, desinhibido, episodios que se llaman de manía, o de hipomanía, y eso se alterna, o se mezcla, con episodios de lo contrario, de un descenso del ánimo, es decir, de una depresión.
-¿Esta alternancia es continua?
-Sí, estas alternativas van sucediéndose a lo largo de la vida, configurando un trastorno que antes se llamaba psicosis maníaco depresiva, por la aparición de estos dos tipos de trastornos, y que ahora se llama trastorno bipolar, aludiendo a la bipolaridad positiva y negativa del ánimo en estos enfermos.
-Este trastorno se ha visto en muchas artistas, como Lord Byron o Rosalía de Castro, o políticos como Churchill…
-No está tan claro. Juan Antonio Vallejo Nájera, psiquiatra y artista desgraciadamente desaparecido, publicó un libro que era continuación de otro libro que había escrito su padre, "Locos egregios", y en él analizaba este tema. La conclusión suya, a la que me añado, es que la enfermedad no añade creatividad o un plus de mejor producción a los artistas, sino que el que tiene dotes las expresa.
-Pero algunos de ellos producían más en ciertas fases.
-A lo mejor la enfermedad en sus épocas de actividad eufórica podría aparentar que es más productiva, pero no está tan claro. Algunas de las personas que ha citado antes tenía más bien una forma menor del trastorno bipolar que se llama ciclotimia, y que no llega a ser una enfermedad, sino una forma de ser, una personalidad.
-¿Qué es la ciclotimia?
-Es como un trastorno bipolar atenuado. Son personas que por temperamento tienen tendencia a que su ánimo oscile, pero dentro de unas variaciones digamos normales. No tiene rango de enfermedad. Son personas que pueden tener un carácter festivo, con velocidad de pensamiento, con euforia dentro de un orden. Y al mismo tiempo puede coexistir en que se ven más desfondados, desilusionados, apáticos. Sería como la expresión menor de la enfermedad sin llegar a ser enfermedad.
-Sé que da conferencias con Raúl del Pozo sobre ludopatía. ¿Cómo son?
-Hemos coincidido una vez en una mesa redonda en la que teníamos dos intervenciones con enfoques diferentes: yo hablaba de la ludopatía como enfermedad, y Raúl como experiencia, como posibilidad dentro de la vida. Él ha escrito una novela excelente sobre la ludopatía, "Noche de tahúres", y además es un brillante orador. Resultó muy interesante.
-¿Cómo se conjugan esos dos puntos de vista?
-Yo creo que muchas de las cosas que Raúl contaba estaban dentro de la descripción de la enfermedad. El juego no sólo es una conducta que puede hacerse adictiva, sino que también, dentro de un uso moderado y normal, puede hacerse agradable para la mayoría de la gente y no supone mayor riesgo. Lo que pasa es que el juego de azar, con apuestas y en metálico tiene esa capacidad adictiva.
-Se dice mucho que nuestra sociedad está enferma…
-Es una concepción sociológica, más que médica. Nosotros valoramos un sector en un contexto social y familiar protector, con cohesión, que funciona en torno a una idea, autodirigido, con sentimientos de solidaridad, de pertenencia a un grupo y con una comunicación fluida…
-Y estamos perdiendo todo eso.
-En ese sentido sí que se puede decir que nuestra sociedad está enfermando. No hay más que ver a los adolescentes actuales.




Asociación de ideas


Inteligencia: Capacidad de adaptación

Napoleón: Epiléptico

Pedro J. Ramírez: Personaje

Terrorismo: Lacra

Hemingway: Autodestrucción

Julio César: Emperador

Sangre: Mareo

Don Quijote: Loco genial

Suicidio: Camino que no lleva a ningún lado

Premio Nobel: Icono cultural

Curación: Horizonte

Hitler: Locura

Diagnóstico: Etiqueta

Ciencia: Conocimiento

José Saramago: Gran escritor
Entrevista publicada en "Generación XXI".

martes, 26 de enero de 2010

De escritores, héroes y papas

Hace algo más de dos años hice un reportaje sobre el libro de José Catalán Deus, "El príncipe del Renacimiento". Me fijé en ese libro porque estaba escribiendo una novela sobre Fernando el Católico, y los Borgia son importantes para entender a Fernando el Católico.
Lo que más buscaba leyendo la biografía de José Catalán Deus sobre César Borgia, era indagar un poco en "El Príncipe" de Maquiavelo, hasta qué punto se había inspirado para escribirlo en César Borgia o en Fernando el Católico, pues de los dos se dice lo mismo. Llegué a la conclusión, leyendo "El Príncipe", de que esas características del perfecto gobernante coincidían punto por punto con Fernando el Católico, aunque éste no quería que lo temieran sino que lo amaran para que lo sirvieran mejor. Había puesto su ambición al servicio de España y sólo quería movilizar los mejores recursos para lograr que España subiera y avanzara. En todo esto llegué a la conclusión de que Fernando era muy ambicioso y muy simpático, porque tenía el don de ganarse a la gente. Era también muy inteligente, muy mujeriego y estaba también, aunque resulte difícil entenderlo para algunos, muy enamorado de su mujer. Yo creo que la admiraba enormemente, que se admiraban mutuamente.
César, en cambio, por lo que sabía de él, me pareció un bluff: iba para papa y estaba obsesionado con la gloria militar, lo cual es muy comprensible. Una vez leí en una novela de Antonio Prieto, uno de mis maestros, "Una y todas las guerras", que nada admiraba tanto a una mujer como ver a su amado empuñando una espada. Cervantes valoraba más las cicatrices de Lepanto que todas sus obras literarias.
Pero José Catalán Deus ofrece un retrato de César Borgia que me sedujo, muy positivo, tratando a Borgia como un maltratado de la Historia, un hombre que sufre una especie de maldición.
Quedé con Catalán Deus en Madrid una mañana, entre el verano y el otoño: nos intercambiamos libros y me regaló una biografía suya de Rodrigo Borgia, padre de César, al que yo veo muy similar a Fernando el Católico. ¿Más implacable?
Recientemente Catalán Deus ha sacado otro libro. Éste es sobre el Papa Ratzinger, Benedicto XVI, sobre el presente, el pasado y el futuro de la iglesia. Se titula Después de Ratzinger, ¿qué?, y está publicado por la editorial Península. Catalán Deus, Jose, se define como un “observador” de la Iglesia y ha hecho un libro muy cuidado, en el que demuestra un gran conocimiento sobre el Papa, la Iglesia y los problemas más inmediatos, que son también los más futuribles, de este Papa estudioso, sabio, más preocupado en la conservación de la nave de Pedro que de los cambios que muchos le solicitan. Todo llegará.


Artículo publicado ayer en "El Norte de Castilla".

domingo, 24 de enero de 2010

Internet

Esta semana he tenido una reunión de compañeros de BUP y COU, en pleno Madrid, en el bonito barrio de La Latina. Nos hemos reunido gracias a Internet, Face Book, las redes sociales. Todos ellos estaban metidos allí, menos yo, que siempre me han dado un poco de miedo estas cosas. Tonto miedo, miedo a lo nuevo, a lo desconocido. Un amigo mío que sabe de informática me dijo que comprendía bien mi miedo, “porque hay gente que cuenta toda su vida allí”. Ahí fue cuando comprendí que no había nada que temer: lo mismo hago yo en El Norte de Castilla.
Lo pasamos muy bien, fue agradable. Somos distintos, pero los mismos, y yo creo que todos estábamos pendientes de ver cuánto habíamos cambiado, para comprender que éramos los mismos, sólo que con más años, más palos, y algo más maduros. Pero todos estábamos contentos de nuestra vida, mucho más que cuando teníamos 18 años. El pasado deja de idealizarse en cuanto lo pasamos por la prueba de la realidad.
Pero yo no quería hablar de esta reunión, sino del medio que nos convocó: Internet. A la salida del restaurante caminábamos hacia el coche en un largo paseo. Yo iba charlando con una amiga, precisamente de Internet. Los dos estábamos de acuerdo en que era una revolución. Yo quería decirle algo valioso, propio, mío. Se me ocurrieron algunas experiencias, ideas de amigos míos escritores, grandes ideas… pero llegué a la conclusión que no tenía sentido lo que los demás habían dicho o hecho, sino lo que pensaba yo, con mi propia experiencia.
Alguien dijo que la inteligencia era lo que utilizábamos cuando no sabíamos qué hacer. Yo me esforcé, exprimí mi cerebro con calma y dije, simplemente, que Internet, efectivamente, era una revolución, pero que me daba pena porque todo iba a seguir igual. Beneficiará a los ricos, a los inteligentes, a los bien formados, y aunque todos vamos a subir un poco, todo va a seguir más o menos igual. El mundo mejora, sin duda, pero los mecanismos son los mismos. Se acabará el hambre, los países subdesarrollados se desarrollarán, pero siempre habrá una jerarquía en espiral que marcará la diferencia.
Los seres humanos no somos iguales, pero eso no significa que no tengamos un valor y que no podamos ser felices y ayudar a la sociedad. Internet está al alcance de todos, los que lo tenemos, que no dejamos de ser las zonas más ricas del planeta. En Internet hay de todo, bueno y malo, y es el hombre el que debe buscarlo, seleccionarlo y utilizarlo.
Estoy leyendo estos días La alquimia de las multitudes, de Francis Pisani y Dominique Piotet. La idea principal es que con Internet llega la “sabiduría de las masas”, la inteligencia de todos, y que la red es una obra colectiva en la que no sólo cuentan los expertos, sino todo aquel que se asome a ella y quiera participar. La red mejora cuantos más la usen, y nuestras actuaciones levantan el edificio, algo más que una biblioteca, viva y en movimiento. Hemos pasado de internautas a webactores, dicen estos expertos, algo muy positivo, porque significa actuar, interactuar, ir hacia delante.
Internet es una revolución, pero vendrán otras, y muy pronto. La inteligencia del hombre se ha elevado a una potencia superior. Nuestros cerebros evolucionan, y es de desear que algo más evolucione. Gracias a las redes sociales yo he quedado con mis compañeros de colegio. Internet puede ser un instrumento para hacer un mundo mejor. No estaría de más que cada vez que nos conectemos esta idea brillara en nuestra mente.


(Artículo publicado hace meses en "El Norte de Castilla".)

La vocación

Cuando eras niño, tenías tanta fe que le pedías todas las noches a Dios que te llevara, cuanto antes mejor. Pero no te llevaba. Nunca me ha importado morirme; nunca le he tenido miedo a la muerte.
Ahora veo que no tengo alicientes en la vida. Quería ser escritor, también de niño, era mi vocación, mi máximo deseo, y lo he conseguido. Yo no quería ser un escritor famoso; sólo quería ser escritor.
No me atrae ni el éxito, ni la fama, ni el dinero. No tengo ningún afán por convertirme en un hombre importante, tener una casa más grande o un coche más grande. La gente da pena.
Me he hartado de las mujeres. No me han dejado de gustar, pero ya las veo con un distanciamiento muy grande. No me seducen tanto como para perder la cabeza ni por su cuerpo, ni por su mente ni por nada. Para mí son como los hombres, pero más bonitas. Pero a mí no me atrae ningún objeto, por muy bello que sea. Sólo quería escribir y publicar, y ya lo he hecho. Si Dios me da vida escribiré muchos más libros y muchos más artículos, pero ya lloverá sobre mojado. Yo ya cumplí con mi deseo sobre esta tierra.
Las mujeres no son dignas porque están imposibilitadas para serlo. Me temo que los hombres tampoco son dignos. Yo mismo he engañado a una mujer 19 veces, hace mucho, es cierto. Yo mismo me he ido con la mujer, mejor dicho, el “rollo”, de un amigo. Hace bastante también. He luchado toda mi vida por cumplir mi vocación y por ser mejor. Uno se convierte en un espejismo, por mucho que se esfuerce.
Ahora tengo que seguir, porque es lo mío, y tengo que trabajar, para ganarme la vida, pero ya estoy realizado. Conmigo no jugará una mujer, ni un hombre. No me manejarán. Haré sólo lo que yo quiera hacer. La ingenuidad se rompe cuando uno tiene las ideas realmente claras. Ay del que no sepa para qué ha venido a la tierra. Será una pobre barquita en un mar encrespado, rodeada de tiburones.
Las mujeres que más me han gustado han jugado conmigo, aunque casi siempre he mordido sus labios. Yo no juego con nadie, y si lo hago es por un fin trascendente. Además, lo hago involuntariamente. Conozco poca gente noble, que merezca realmente la pena; todos somos pobres hombres, una mezcla contradictoria de grandes y pobres hombres.
Yo me moriría, pero Dios me quiere aquí, eso está claro. El otro día, el segundo de mis treinta y cuatro años, casi me atropella un coche. Hubiera sido un buen fin, pero ahora debe seguir caminando, escribiendo e ignorando todo aquello que no se merece mi atención.

sábado, 23 de enero de 2010

La vanidad

Desnudo entre las olas
bailo una canción
para ti.
Del eco de la caracola
surjo para amarte,
tú, indigna de mi amor,
flor que marchitará
El paso,
mientras yo, aquí,
quedo eternamente,
inmortalmente joven.

viernes, 22 de enero de 2010

La cumbre

“Hace muchos años, en unas tierras recónditas del Norte, unas tribus siempre en conflicto resolvían sus problemas de una forma extraña. Sus territorios tenían fronteras compartidas, todos estaban juntos, y esto hacía que unas temporadas se llevaran bien, otras regular y otras mal. Pero lo más curioso es cómo resolvían sus problemas de guerra cuando algo amenazaba su convivencia.
“Los jefes de las cuatro tribus subían a lo alto de un monte, el más elevado y el más importante de aquellas tierras. Era una hermosa montaña y para subirla había que rodearla varias veces, ascendiendo trabajosamente en una espiral. Subía cada uno con un ayudante, y encendían en lo alto un gran fuego. Entonces se sentaban y parlamentaban, cubiertos de pieles y con cascos con cuernos.
“Eran cuatro tribus y cada territorio estaba situado en un punto cardinal. Aquel monte señalaba la confluencia de los cuatro territorios. Era un espacio sagrado, común, que ningún pueblo podía violar; todos lo respetaban y estaban orgullosos de hacerlo
“-¡Oh, Sol, dios de la luz, de la lluvia, de todas las tormentas… guíanos en el paso que vamos a dar! –decía el maestro de ceremonias.
“Las reglas eran muy sencillas: si el sol se nublaba y se mantenía nublado durante un tiempo que el maestro de ceremonias consideraba suficiente, la tribu del Norte entraría en guerra con la del Sur, y al revés; si comenzaba a llover, entonces la tribu del Este guerrearía con la del Oeste; si el sol se mantenía brillando, durante un tiempo acordado, habría paz; y si se ocultaba y había tormenta… entonces todos lucharían contra todos.
“Los jefes se mantuvieron en silencio, mirándose a los ojos, atentamente, esperando. El cielo debía hablar.
“Había una nube muy grande que se aproximaba al sol, pero poco antes de que lo alcanzara, se desvió lo justo para dejar el sol, en toda su circunferencia, brillando con gran fuerza.
“El maestro de ceremonias esperó a que toda la nube hubo rebasado ampliamente el sol, y luego habló.
“-¡El dios Sol nos ha transmitido su voluntad! ¡Habrá paz durante años, muchos años, hasta que todos los que hemos visto lo que ha ocurrido ya no podamos vivir para contarlo!
“Los cuatro jefes se dieron la mano con fuerza, se dieron estrechos abrazos, y la montaña brillaba tanto como el sol. Una paz siempre es mucho más rentable, cómoda, próspera y placentera que una guerra.”
Cuando escribí este cuento no pensé incluirlo en mi columna, aunque desde hacía tiempo quería variar los “Relatos vividos” y dar un cuento. Pero estoy leyendo un libro sobre el conflicto árabe-israelí y he relacionado las dos cosas; no escribí este cuento pensando en ese conflicto, o en las guerras, pero he decidido meterlo aquí.
Es muy fácil escribir un cuento en dos folios, o escuchar viejas leyendas, con más encanto que sabiduría, pero he pensado que este relato podía serme útil. Las guerras no se pasan de moda, siempre vuelven en la historia del ser humano… una piedra que va de un lado a otro. Quizá el conflicto más humano sea el árabe-israelí, con dos pueblos maltratados por la Historia: es una guerra cíclica, que siempre está acabando y empezando, como la rueda de una bicicleta, y nunca acaba del todo.
Ojalá pudiéramos hacer como esos cuatro jefes y subir a un monte, por ejemplo el Sinaí, y dejar que el cielo, el sol, las nubes, decidan… y grabarlo todo por televisión y utilizar nuestros efectos especiales, que tan bien conocemos, sujetos a nuestra voluntad, para que siempre brille el sol y ninguna nube amenace la paz.



Artículo publicado en "El Norte de Castilla" hace algún tiempo.

jueves, 21 de enero de 2010

Las estatuas

Deberíamos hacer las estatuas de barro.

De los demás

Bastante gente me llama maestro. Si lo soy es porque aprendo de los demás.

De los demás

miércoles, 20 de enero de 2010

El país del mañana

La educación está íntimamente relacionada con lo que somos, con lo que fuimos y con lo que queremos ser. La educación está íntimamente ligada a la política, está relacionada, hasta casi confundirse, en ocasiones, con la familia. Cualquier problema con nuestra educación, y creo que lo estamos viviendo ahora, arroja la siguiente pregunta: ¿qué país queremos tener dentro de diez, veinte, treinta años?
Llevo muy poco tiempo siendo profesor, pero en este tiempo he aprendido mucho: cuanto menos se sabe de algo más se aprende de ese algo. No puedo evitar comparar a los chicos de hoy con los que fuimos mis compañeros y yo, con los que fueron mis hermanos mayores y sus amigos o mi hermano pequeño y sus compañeros. No puedo evitar pensar, incluso, en mis propios padres, en cómo son y en qué educación tuvieron. Cuando se piensa en educación hay que pensar en generaciones.
Mi padre está escribiendo ahora unas memorias y recuerda con placer la buena educación que tuvo. Me acuerdo que Francisco Umbral me decía que la formación que le dieron en primaria fue magnífica. Sin embargo, ahora tenemos los mejores medios para enseñar y algo está fallando. El problema no está en los profesores, que los conozco y en general son buenos. Tampoco creo que esté en los alumnos, o no directamente. No es un problema de material humano, de neuronas o cociente intelectual. Es un problema de actitud, y un problema aún más profundo.
No puedo evitar ver y comparar. Los alumnos que he tenido han sido buenos e inteligentes. Creo que en eso no hemos perdido: la gente joven, en general, tiene valores y buena capacidad intelectual. Pero sí que observo en el panorama deficiencias que nosotros no teníamos, y menos mis hermanos mayores, y menos mis padres. A los alumnos de ahora les cuesta más esforzarse, y tienen un bagaje menor que nosotros.
Observo carencias grandes que antes no existían. Sospecho que nos hemos relajado. Sospecho que nos ha ido bien económicamente, que tenemos un alto nivel de vida, que somos un país desarrollado… y eso es magnífico. Lo hemos logrado con esfuerzo, lo lograron nuestros abuelos y nuestros padres, pero ahora me encuentro con unas nuevas generaciones que no están tan preparadas para afrontar el futuro. Nunca antes ha habido más facilidades para estudiar, y hay gente muy bien formada, pero ¿se ha producido una curva descendente en estos años?
Nos encontramos con un problema de raíz que afecta a nuestro ser más íntimo. Últimamente oigo hablar, mucho, de decadencia… ¿estamos en decadencia? Creo que no, todavía no, pero sí podemos encontrarnos al principio de ella. Podemos darle la vuelta a esto, la curva descendente se puede convertir en ascendente. Hemos localizado el problema; ahora lo que tenemos que hacer es actuar.


Artículo publicado en "El Norte de Castilla" el pasado lunes.

El triunfo

Oigo con mucha frecuencia hablar del triunfo a la gente, y he llegado a la conclusión de que para mí el triunfo es algo muy distinto a la idea que tiene la mayoría. Oigo decir que “Fulanito ha triunfado”, o que es “un triunfador”, incluso hay algunos que me desean “que triunfe”, y cosas parecidas.
Pero ¿qué es el triunfo? Yo no entiendo ningún triunfo que no incluya la felicidad, porque para mí la felicidad es nuestro objetivo en este mundo, lo más que se puede lograr. Y dentro de ese triunfo, entiendo que se pueda hablar del triunfo profesional, porque normalmente significa una realización personal grande. Además, en la vida todo está relacionado.
Pero para el común de los mortales el triunfo está asociado al dinero y a la fama, y, de una forma más concreta y cotidiana, al éxito sexual, más que al amoroso o sentimental. Me acuerdo que una vez viajé a Egipto, tuve un pequeño idilio con una extranjera, y uno de mis compañeros de viaje, cuando pisamos Barajas, le dijo a mi padre: “¡Eduardo ha triunfado!”, con unas palmaditas a mi espalda.
Ahora hablo como hombre: ¿a quién no le gusta tener éxito con las mujeres? ¿Y a quién no le gusta ganar dinero? A pocos. Recientemente leí un artículo muy interesante en El País, sobre la felicidad, en el que decía que estaba demostrado que el dinero, a partir de una cantidad, no muy elevada, no añadía nada a la felicidad.
Yo voy diciendo a todos mis amigos que soy feliz, porque me encuentro realizado, porque soy lo que siempre quise ser, con trabajo y esfuerzo, pero gozosamente, porque el camino también fue placentero, enriquecedor. El triunfo, para mí, está en conseguir la felicidad, y eso no significa que uno no tenga problemas, y que no siga teniendo defectos, porque los defectos son como los malos de los videojuegos: cuando eliminas uno, aparecen tres.
Hay un camino de la felicidad, y hay otros caminos. Me da la sensación de que el común de los mortales no elige el camino de la felicidad, sino el que otros le marcan, o el que, simplemente, le va a producir mayor beneficio económico o relumbrón social. Los hombres siempre somos muy dados a dejarnos guiar por espejismos.
Creo que la vocación y su desarrollo están muy relacionados con la felicidad, aunque sea una ruta plagada de sacrificio, una especie de esclavitud que si no se realiza, paradójicamente, puede llevar a la infelicidad, a la frustración. Pero pocos tienen vocación, y por supuesto la felicidad está abierta a todo el mundo.
Quizá la felicidad esté muy relacionada con hacer lo que uno desea, o lo que uno tiene que hacer en cada momento, y hacerlo lo mejor posible. Y vivir lo mejor que uno pueda con lo que tiene. En todo esto el espíritu es muy importante, y aunque hay gente más vitalista que otra, yo estoy convencido de que esto se puede cultivar.
No me gusta escribir sobre temas tan amplios e importantes, porque poco será lo que yo pueda añadir a lo que han escrito tantos expertos. Pero me gusta hacerlo para ponerme en claro, y para saber lo que pienso sobre estos temas.
Y volviendo al tema del triunfo, me parece que es muy revelador que nuestra sociedad identifique el triunfo con el dinero y con el éxito, cuando hay triunfos mucho más grandes y discretos. Los ricos, los grandes exitosos, los famosos, saben que todo eso es una meta que no lleva a ninguna parte, excepto si uno no lleva algo que merezca la pena a esa meta.


Artículo publicado hace algún tiempo en "El Norte de Castilla".

martes, 19 de enero de 2010

Un instrumento

La palabra es un instrumento para conseguir el poder.

El mejor

Prefiero ser el mejor que el primero.

lunes, 18 de enero de 2010

La realidad

Vivo en un lugar paradisíaco, Montepríncipe, en las afueras de Madrid, una urbanización llena de verde, de piscinas y de pistas de tenis en Boadilla del Monte. Para mí, es el lugar perfecto para vivir, para escribir.
Mi casa no es mi casa, es la casa de mis padres, pero sí es mi casa. Vivo como un príncipe, como tantos jóvenes de mi generación, los niños de la democracia; ahora tenemos el problema de mantener, al menos, el nivel de vida que nos dieron nuestros padres. Ellos siempre fueron a más, casi siempre, y nosotros, mi generación, la gente mejor formada de la Historia de España, hemos tenido que luchar contra un sistema que no se podía permitir el lujo de pagar el talento que había creado. Simplemente porque no había hueco para él y porque los puestos para los que estamos capacitados están ocupados por ellos, nuestros padres. Un despropósito hecho con la mejor intención, pero un despropósito.
Bajo poco a Madrid. Voy a reuniones y actos del Instituto de Empresa, en Serrano y María de Molina. Doy clases de escritura creativa a una abogada sensacional, Virginia, y nos paseamos Madrid. Durante muchos años le tuve miedo a la ciudad. Me sentía inseguro y procuraba eludirla; salía por Pozuelo, Majadahonda… Pero pronto me di cuenta de que el trabajo, mi trabajo, estaba en Madrid. Los periódicos, las revistas, las editoriales, están en Madrid, y uno no nace García Márquez sino que se va haciendo García Márquez. Ya puedes ser muy bueno, pero tienes que demostrarlo, y normalmente se hace poco a poco, kilómetro a kilómetro.
Estoy enamorado del campo y de Montepríncipe, pero considero que el contacto con la ciudad, con la realidad, con el hoy, es esencial para un escritor. Yo necesito oír y oler coches, ver mendigos, y me gustaría tocarlos, sentir que hay algo diferente a mi Universidad, el monasterio maravilloso de Segovia, Santa Cruz la Real, tan cargado de todo; necesito saber que hay algo distinto a mi Montepríncipe, la urna en la que llevo viviendo desde niño; que hay algo distinto al contacto con grandes sabios y escritores y periodistas, doctos profesores y chicas guapísimas, mi océano. Hay que bajar a la tierra, pisar la tierra, porque todos somos ella.
No quiero perder la conciencia de ser un hombre en el mundo, en todo el mundo; no quiero perder la curiosidad por nada, y quiero luchar por lo que creo sin perder la relación con la realidad.
Confío mucho en las palabras. Soy escritor, soy periodista, soy escritor y filólogo… “Filólogo” significa “el que ama la palabra”, pero me parece que más que amor por las palabras amo los hechos. Las palabras expresan hechos y son puentes para otros hechos, pero al mundo lo mueven los hechos. La palabra tiene una fuerza infinita pero no debe olvidar la realidad. Para inspirar, para idear, para mover, hay que conocer. Cuando una palabra vale como un hecho, entonces es mi amada. Y para eso hay que salir de las urnas y las torres de marfil. Somos cazadores, siempre lo fuimos, pero yo pido unos objetivos a la altura de los medios que disponemos.
Cuanto más sabemos, cuanto más viajamos, cuanto más logramos, más le pedimos a la vida y a la realidad. Yo me exijo mucho a mí mismo, y tal vez por eso he conseguido tan poco. Pero también le exijo mucho a mi país, a Europa y al mundo. Creo que el ejercicio de no perder pie en la realidad, de creer en las palabras y lanzarlas a los hechos, y al revés, debería realizarlo mucha más gente.





Eduardo Martínez-Rico

Una buena

Aquí se va a montar una buena y nosotros lo vamos a contar.