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domingo, 10 de enero de 2010

El amor

Siempre enamoramos a quien no queremos. Rara es la vez que enamoramos a quien queremos.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Te amo

Te amo porque sé que ya me has perdonado. Ya te amaba antes, desde el primer día que te vi, cuando empecé a notar la enfermedad del amor, que sin duda es una enfermedad, la más agradable que existe. Pocas veces la he sentido, y eso que me gustan mucho las mujeres. Una de esas veces fue contigo. A veces se me olvida que existes, y me concentro en mis libros, en mis trabajos, en todo lo que hago. Pero de vez en cuando vuelves con fuerza, y comprendo que no me abandonas.
No elegimos el amor, es él quien nos elige. Pasa el tiempo y siempre te tengo cerca. Tu recuerdo se ha agrandado, aunque haya conocido, y sigo conociendo, a otras muchas mujeres. Me pasa, como ya me ocurrió cuando lo compartíamos todo: necesito tu presencia para que ésta sea exclusiva.
Tengo tu imagen en mi mente, una y todas las imágenes. No necesito fotos para recuperarte. La película de nuestra vida, de lo que compartimos entonces, del presente que se mueve y huye, y del futuro que invento, la tengo en la cabeza. Los escritores vivimos de pequeños detalles, palabras sueltas que convertimos en mundos y universos.
Cuánta paciencia tuviste, amor mío, cuánta paciencia sigues teniendo conmigo. Los hombres, que sin duda tenemos muchas virtudes, y que para ciertas cosas creo que somos superiores a las mujeres, vamos detrás de vosotras en otras. Y de ahí surgen muchos problemas. Estamos condenados a ser vuestros hijos, aunque seamos vuestros hermanos, amigos, maridos, amantes, padres. Una mujer, cuando no está enamorada, enfadada, etc., o todo esto a la vez, ve a su hombre, al hombre, a los hombres, como ve a sus hijos que siempre están haciendo lo que no deben hacer. La armonía se da entre nosotros, pero nunca dura demasiado tiempo, aunque luego, milagrosamente, vuelve a ocurrir.
Somos dos relojes que dan siempre distinta hora, pero de vez en cuando, muchas veces, claro, coinciden, y el placer es inmenso.
Te amo porque ya me has perdonado, y sé que la vida nos deparará muchos encuentros, porque estamos hechos el uno para el otro. Un hombre y una mujer no están hechos sino para encontrarse.
Siento que me enamorara de ti, que te enamoraras de mí, cuando apenas era un niño, un niñato, y que a medida que crezco te vaya echando cada vez más de menos. Aunque te tenga tan cerca, cada vez más cerca.
Los hombres no maduramos nunca, cumplimos años pero no maduramos. Pero ¿quién lo hace? Tengo 33 años y no conozco a nadie maduro.
Te amo porque ya me has perdonado, pero siempre te he amado, como sé que tu me amarás siempre. El camino te deparará, tal vez, muchos otros episodios, pero yo siempre seré uno de ellos, y tú serás uno de los míos. Siempre volverás a mí, y yo a ti, como un bumerán siempre fiel. Tengo mucha intuición, mi trabajo es imaginar, reflexionar, contar... pero no soy profeta, creo que no lo soy. Y sin embargo, te veo y te veré siempre en mi futuro, como tú sabes que yo estoy en el tuyo, siempre, para siempre. El amor es el mayor don de Dios, o los dioses, a los hombres, pero es un don que nos carga de cadenas, qué le vamos a hacer.
Sabes que me tienes para lo que necesites, que siempre te ayudaré. Pase lo que pase en el futuro siempre me tendrás a tu lado, aunque no hablemos. Siempre podrás descolgar el teléfono y pedirme cualquier cosa, porque moveré cielo y tierra para ayudarte. En eso siempre seremos amigos. Aristóteles, y me gusta mucho decirlo, decía que amigo era el que era capaz de ayudarnos, o el que nos ayudaba, que ya no recuerdo muy bien.
Tú me has ayudado muchas veces, y creo que yo también te he ayudado, aunque no siempre fuera digno de tu amor. Soy un hombre, y por lo tanto extraordionariamente fuerte y extraordinariamente débil. No soy más que un hombre, con todo lo bueno y grandioso que tiene eso, y todo lo malo y penoso, lleno de servidumbres, que tiene eso.
Este hombre te ama y te amará siempre, y siempre te ayudará cuando lo necesites. Mi teléfono será el primero y el último al que deberás acudir. Y mejor el último que el primero, porque eso querrá decir mucho.
Sé que ya me has perdonado.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Ayer

Ayer te dejé en la estación y hoy ya te he olvidado.

E.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Amor

Esta noche, mientras paseaba a Berta, le he dicho a la Luna:
-Quítame el miedo, Amor.

sábado, 3 de octubre de 2009

El amor por la lectura

Mi madre siempre me contó una historia que para ella es importante y me explica muy bien. Es un poco imprecisa, no conozco las fechas, ni la edad exacta que tenía. Mi madre cuenta que yo fui el único de sus cuatro hijos que tuvo conciencia de saber leer. Me había encaprichado de una de esas ediciones del "Quijote" para niños, con viñetas, y debía de ir con ella a todas partes. Ese libro señala mi paso de no saber leer a saber leer. Un día, supongo que un domingo, estaba en el salón con mis padres y mis hermanos, y dije: “¡Papá, mamá, ya sé leer!”
Las exclamaciones no están de más. No sé cómo lo dije. Sé lo que me han contado, pero aquello fue un descubrimiento, un descubrimiento que ha marcado toda mi vida: leer, escribir, vivir.
Ahora trato de hacer un artículo sobre la lectura y llego a la conclusión de que leer es placer, descubrir, aprender. Leer es viajar, investigar, amar. Leer también es estudiar, y trabajar. Leer es comunicar, es conocer, y sobre todo, pienso ahora, leer es potenciarse, ensancharse. Leer es ser libre, ser más uno mismo, y serlo también con los demás.
Llevo toda mi vida leyendo, gran parte de mi vida escribiendo, y escribir es otra forma de leer, y leer es una forma de escribir. Cuando leo me apetece leer más, cuando leo me apetece escribir, cuando escribo me apetece leer.
Los beneficios de la lectura son claros: leer hace la vida más plena, más feliz. Leer es bucear en los demás y bucear en uno mismo. Leer hace rica y deseable la soledad, porque cuando leemos nunca estamos solos. Es más, queremos estar solos. Muchos escritores, entre ellos Borges y mi amigo Luis Alberto de Cuenca, se declararon lectores antes que escritores. Leer es un camino que tenemos siempre abierto, es infinito, pero tan hermoso, tan maravilloso.
Leyendo adquirimos sabiduría honda. Lo mejor de los hombres está en los libros, y los mejores hombres fueron grandes lectores. Cuando veo un libro, da igual dónde, se me van los ojos tras él. Leo todos los días, pero me queda todo por leer. Cuando era niño y quería ser escritor ya sabía que para serlo tenía que leer mucho.
Leer me ha educado por dentro, me ha hecho por dentro. Siempre regalo libros, hasta llegar a un punto que me he hecho pesado. Cuando entro en una casa sin libros me entristezco.
¿Cómo animar a leer? Según los edades. Yo sé que cuando era niño sentía que estaba en un ambiente cálido con los libros, con las aventuras de Verne o los mosqueteros de Dumas, y más todavía las peripecias del conde de Monte-Cristo. De adolescente tuve muy claro que leer era muy beneficioso para mí, y en primero de BUP leí un número desproporcionado de libros, sabiendo que me estaba alimentando de algo muy bueno. En el IMBA del Instituto de Empresa, donde estoy dando un curso sobre la palabra, escrita y hablada, les digo a mis alumnos, gente muy formada, que leer es lo mejor para hablar y para escribir, para hacernos por dentro, para hacernos, en el fondo, más nosotros. Leyendo, hablando y escribiendo dominamos la palabra, si ése es nuestro objetivo, y desde luego ahondamos en las diferentes dimensiones de que es capaz el ser humano.
Leyendo conocemos el mundo, en el sentido más amplio de la palabra, lo hacemos nuestro, y luego lo podemos volcar en los demás, al igual que otros lo hicieron con nosotros. Pero ¿qué voy a decir yo? No tengo remedio, estoy enamorado.


(Columna publicada en "El Norte de Castilla" el 30 de septiembre de 2009.)

lunes, 28 de septiembre de 2009

Respuesta

Eres Respuesta,
por eso te amo.