La religión y la mujer
Se habla de grandes desigualdades entre hombres y mujeres en el mundo árabe, pero en Egipto hay una buena incorporación de la mujer al trabajo. Al occidental, sin embargo, le llaman la atención los pañuelos en la cabeza, los velos, e incluso algunas mujeres que van cubiertas de negro de arriba abajo, con unos mínimos agujeros para poder ver… y algunas de ellas llevan gafas, y las llevan por fuera. Todo depende del grado de rigor que se impongan. “Lo hacen por fe”, dicen aquí, y es que cada religión muestra sus manifestaciones exteriores.
El Cairo tiene su peculiar funcionamiento. El tráfico, por ejemplo, es caótico. Avanza en distintas direcciones como una gran marea. Los automovilistas no usan el intermitente, y prefieren el claxon para avisar de algún movimiento, para advertir un peligro. Como en Occidente, pero con mucha mayor frecuencia. Algunos conductores llevan el Corán en el coche, sobre el salpicadero, y en los semáforos leen unos versículos.
La religión es muy importante para ellos. Los árabes tienen el nombre de Dios en la boca, constantemente, algo que los occidentales han olvidado, y esto es señal de la presencia que tiene Alá en sus vidas: “Si Dios quiere”, dicen constantemente. Es un espectáculo verlos rezar, un viernes, día santo, a mediodía, en las mezquitas y en las calles, delante de sus propias tiendas.
Eduardo Martínez Rico
Mostrando entradas con la etiqueta Egipto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Egipto. Mostrar todas las entradas
lunes, 18 de enero de 2010
domingo, 17 de enero de 2010
Dentro de la pirámide III
El pasado hecho presente
Hoy Egipto vive del pasado y del turista; por eso cuidan tan bien al viajero. El Cairo, la capital, es una ciudad tomada por la policía: cada treinta metros vemos un agente, fuertemente armado, y abundan los coches cargados con policías. El objetivo es conseguir que los visitantes se sientan protegidos de posibles atentados. Constantemente hay que pasar controles, y los europeos no están acostumbrados a ver perros olfateando explosivos a las puertas de los hoteles.
En El Cairo, la gente se acerca a ofrecer todo lo imaginable: guías, papiros, llaveros, pequeñas pirámides… Esto se hace un poco agobiante, pero hay que entenderlo: los turistas vienen a verlo todo, y los egipcios están para venderles todo. Ocurre lo mismo con las propias maravillas arquitectónicas, los museos, los barrios típicos… Se han juntado dos extremos que se necesitan y complementan. El turista, en el fondo, quiere comprar, y el egipcio vender. Como en cualquier comercio. Egipto se ha convertido en una gran industria turística: los faraones les dejaron su patrimonio actual, y los egipcios de hoy lo están administrando.
Hoy Egipto vive del pasado y del turista; por eso cuidan tan bien al viajero. El Cairo, la capital, es una ciudad tomada por la policía: cada treinta metros vemos un agente, fuertemente armado, y abundan los coches cargados con policías. El objetivo es conseguir que los visitantes se sientan protegidos de posibles atentados. Constantemente hay que pasar controles, y los europeos no están acostumbrados a ver perros olfateando explosivos a las puertas de los hoteles.
En El Cairo, la gente se acerca a ofrecer todo lo imaginable: guías, papiros, llaveros, pequeñas pirámides… Esto se hace un poco agobiante, pero hay que entenderlo: los turistas vienen a verlo todo, y los egipcios están para venderles todo. Ocurre lo mismo con las propias maravillas arquitectónicas, los museos, los barrios típicos… Se han juntado dos extremos que se necesitan y complementan. El turista, en el fondo, quiere comprar, y el egipcio vender. Como en cualquier comercio. Egipto se ha convertido en una gran industria turística: los faraones les dejaron su patrimonio actual, y los egipcios de hoy lo están administrando.
sábado, 16 de enero de 2010
Dentro de la pirámide
He estado en Egipto dos veces y las dos veces fueron experiencias maravillosas. Fui al Festival Internacional de Cine de El Cairo, y aprovechaba con mis compañeros de viaje para ver la ciudad y las pirámides. Publiqué varios artículos y éste no me lo publicaron. Creo. Quizá sea el que más me gusta. Lo que no digo en este artículo y lo voy a decir ahora, en privado, es lo impresionado que quedé cuando, en la cámara principal de la Gran Pirámide, al poco de entrar, sentí algo muy físico, una simple erección, cuando allí no había nada que lo provocara. Quizá es verdad que algunos lugares de la Tierra, escogidos, según algunos, muy cuidadosamente, tienen una concentración o reserva de energía especial. Puntos neurálgicos de la tierra. No lo sé, yo cuento esto porque tampoco me parece nada malo contarlo. Otros habrán sentido lo mismo en situaciones tan extrañas o más que éstas. Como viajero mi obligación es contar lo que veo, lo que siento y cómo lo veo y cómo lo siento. Y lo que todo lo que tengo alrededor me provoca.
Aquí ofrezco la primera parte de aquel artículo:
Hacia el corazón
Avanzar hacia el corazón de la pirámide, cuando el aire empieza a escasear, cada vez más. Tan pronto hay que pasar por zonas completamente agachado, como atravesar un desfiladero muy especial, como caminando por el interior de un barco, con la quilla arriba. La imaginación tiene entonces plena libertad: los egipcios llevando el cuerpo del faraón, y todos los objetos que le acompañarán en la otra vida.
Según algunos guías dentro no hay nada que ver, no merece la pena. “Bajar a la pequeña pirámide de la Reina, la mujer de Keops –dice un guía egipcio con gorra y gafas de sol-, tiene el mismo interés que entrar en la Gran Pirámide.” Pero no es verdad: hay que ascender por el interior de la pirámide.
Bajar la cabeza, doblar la espalda, subir pasos y pasos eternos hacia una cima que parece que no existe, un fin que parece que no llega. Aunque no lo notemos, aunque uno no sepa por qué, es un viaje hacia una cultura, una religión, una forma de entender la vida. Y sobre todo la muerte.
Y llegamos a la cámara funeraria del Faraón, ¿una falsa sala? No es muy grande, un espacio vacío forrado de piedra lisa y dura, bien pulida, donde no se notan las junturas. Por una abertura llega el aire, escaso, del exterior. Estamos a 75 metros de la base, y hay un tubo fluorescente que ilumina, lo justo, la escena. ¿Quiénes estuvieron aquí antes de nosotros?, ¿qué hicieron?
En esta cámara el viajero nota todo el peso de la piedra, de las miles de toneladas que tiene encima y alrededor, y esto se percibe, sobre todo, en la falta de aire. Pero también nota una extraña potencia, una energía que se concentra dentro del cuerpo.
Aquí ofrezco la primera parte de aquel artículo:
Hacia el corazón
Avanzar hacia el corazón de la pirámide, cuando el aire empieza a escasear, cada vez más. Tan pronto hay que pasar por zonas completamente agachado, como atravesar un desfiladero muy especial, como caminando por el interior de un barco, con la quilla arriba. La imaginación tiene entonces plena libertad: los egipcios llevando el cuerpo del faraón, y todos los objetos que le acompañarán en la otra vida.
Según algunos guías dentro no hay nada que ver, no merece la pena. “Bajar a la pequeña pirámide de la Reina, la mujer de Keops –dice un guía egipcio con gorra y gafas de sol-, tiene el mismo interés que entrar en la Gran Pirámide.” Pero no es verdad: hay que ascender por el interior de la pirámide.
Bajar la cabeza, doblar la espalda, subir pasos y pasos eternos hacia una cima que parece que no existe, un fin que parece que no llega. Aunque no lo notemos, aunque uno no sepa por qué, es un viaje hacia una cultura, una religión, una forma de entender la vida. Y sobre todo la muerte.
Y llegamos a la cámara funeraria del Faraón, ¿una falsa sala? No es muy grande, un espacio vacío forrado de piedra lisa y dura, bien pulida, donde no se notan las junturas. Por una abertura llega el aire, escaso, del exterior. Estamos a 75 metros de la base, y hay un tubo fluorescente que ilumina, lo justo, la escena. ¿Quiénes estuvieron aquí antes de nosotros?, ¿qué hicieron?
En esta cámara el viajero nota todo el peso de la piedra, de las miles de toneladas que tiene encima y alrededor, y esto se percibe, sobre todo, en la falta de aire. Pero también nota una extraña potencia, una energía que se concentra dentro del cuerpo.
Etiquetas:
Dentro de la pirámide,
Eduardo Martínez-Rico,
Egipto,
El Cairo,
Gran Pirámide
Suscribirse a:
Entradas (Atom)