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domingo, 6 de diciembre de 2009

¿Por qué nos gusta tanto el fútbol?

¿Por qué nos gusta tanto? A mí me gusta jugarlo, y no mucho, porque tengo otros deportes favoritos, pero disfruto jugándolo cuando puedo. Pero hay gente que no puede vivir sin fútbol, y sobre todo fútbol como espectador; hay gente para la que el fútbol es algo que forma parte de su vida, todos los días, algo que alimenta su pasión, su ilusión y sus ganas de vivir. Me atrevería a decir que hay mucha gente así.
Si no fuera este deporte, ¿sería otro? Yo pienso que sí, pero ¿por qué el fútbol, en tantos lugares del mundo, levanta esas pasiones?
El fútbol ayuda a vivir, y por eso tiene tanto éxito, por eso se llenan los estadios y por eso las estrellas cobran semejantes sumas de dinero.
El fútbol ha creado un universo alrededor suyo que alimenta el día a día de millones de personas. La prensa deportiva, los programas deportivos de televisión, los partidos de fútbol, el seguimiento que se hace a los jugadores, a las opiniones de los entrenadores. Es difícil entrar en un bar español en el que no se hable de fútbol, y las opiniones de la gente pueden llevar a la colisión entre unos y otros.
No sé por qué gusta tanto el fúbol. Es un deporte en apariencia sencillo… y eso es todo lo que puedo decir al respecto. No me parece un deporte de gran técnica, ni de gran arte, aunque confieso que me tengo que esforzar mucho para controlar el balón con los pies. Quizá la gente reconozca esa dificultad cuando lo sigue tanto.
A mí me gusta mucho hacer deporte, todos los días, siempre que puedo, pero me gusta mucho menos verlo, y menos saber todos los entresijos. Leo las noticias deportivas, por curiosidad, por estar más en el mundo. Soy una especie de extraterrestre en este país que disfruta tanto del fútbol. Pero soy capaz de comprenderlos.
El fútbol no sólo ayuda a vivir a mucha gente, sino que descansa, relaja, evade. Es una película que no se acaba nunca, porque detrás de un partido siempre viene otro, detrás de una temporada otra, detrás de un fichaje otro.
El deporte es un regalo que nos dieron los dioses para ser más felices, y para ser felices cuando todo parece estar en contra, pero el deporte nunca nos tiene que desviar de los problemas. La relajación es buena, el descanso, las vacaciones, el placer, pero detrás de la montaña, tan hermosa, que tenemos delante, nos espera la vida, tan compleja como siempre. La vida que no es fútbol.
Hace poco, en el hospital, mientras mi padre se recuperaba de una recaída de su corazón, me enteré –lo contó mi tío Carlos- que un seleccionador nacional y entrenador del Barcelona quiso hacer profesional a mi padre. No lo sabía; lo que sí sabía, porque siempre que voy a Puentedeume, mi pueblo, me lo dicen todos los de la generación de mi padre es que era buenísimo, centrocamista, si no recuerdo mal, extremo izquierdo, si no recuerdo mal.
Yo he jugado mucho al fútbol, con mis vecinos y luego con mi hermano Jose. La última vez que jugué al fútbol, aquí en casa, fue con Pedro Ruiz, que es una pequeña estrella y entrena con profesionales del Real Madrid. Es una máquina.
Si hay algo que me gusta del deporte son sus valores. Cómo enseña a luchar, pero también con elegancia, cómo enseña a respetar al rival, cómo enseña a competir, pero extendiendo una mano. Hay personas que no han entendido esto nunca, y deportistas famosos, pero ésa es la gran lección del deporte. Cómo nos podemos superar sin humillar a nuestro rival, incluso sin enfrentarnos con ningún rival.
De esto tiene que aprender la vida.



Eduardo Martínez-Rico