Mi tía Ángeles, monja misionera en Chile, nos mandó hace unos días a algunos amigos este texto de Navidad.
Pulsando corazones. Es Navidad
María Angeles Martínez, odn
Vino, y … golpeó a la puerta de una familia,
pero la TV invadía la intimidad y no pudieron escucharlo.
Vino, y … pulsó el timbre de la vivienda
contigua, pero todos estaban
en lo suyo y esperaban que otro atendiera el llamado.
Vino, y … llamó al celular de uno de ellos,
pero una voz ronca contestó que no era oportuno,
pues estaban muy ocupados.
Vino, y … gritó con voz angustiada:
¡les traigo una buena noticia! Pero todos, todas, reían al
compás de la música de un programa
de “la farándula·”.
Vino, e insistió … les dijo suavemente: ¡ Por favor, ábranme!
Soy el Amor que imploro, pero el susurro
se perdió entre luces de colores y
fuegos artificiales
Vino, y … el Amor se fue a otra parte cansado de
llamar, de susurrar, de esperar, de pulsar corazones.
Y … Su clamor lo escucharon los que gritaban
por una vida más digna, por un aire más limpio. Todos
corrían peligro. Y se metió entre ellos.
Su golpear lo recogieron unos jóvenes de barrio
que jugaban a la pelota y hablaban de quererla compartir
con los inválidos de un hogar vecino.
Y fue uno de sus jugadores.
Su susurro estremecido lo percibieron unas
mujeres golpeadas en su propio hogar. Lloraban
su pena junto a un pesebre de los niños de la calle.
Y allí, nací de nuevo.
Su voz de Dios humillado fue acogido por unas religiosas
y laicos que enseñaban un villancico
a huérfanos de la guerra, a ancianos en soledad permanente,
a jóvenes saliendo de la droga y el alcohol.
……………………
¿Escucharemos hoy su voz? Quiere pulsar nuestro corazón.
Es el Dios Amor que te susurra y te invita a ti, a mí:
¡ Por favor, ábreme la puerta!
ES NAVIDAD.
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jueves, 24 de diciembre de 2009
El misterio de la Navidad
Llamo a José Luis Olaizola para felicitarle la Navidad y me pregunta:
-¿Cómo estás afrontando la llegada del misterio de la Navidad?
Y le contesto:
-Con el corazón abierto.
Y me dice:
-Muy bien... eso está muy bien dicho tratándose de un escritor.
-¿Cómo estás afrontando la llegada del misterio de la Navidad?
Y le contesto:
-Con el corazón abierto.
Y me dice:
-Muy bien... eso está muy bien dicho tratándose de un escritor.
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Cualidades humanas
El lunes publiqué esta columna en "El Norte de Castilla". Feliz Navidad para los hombres de buena voluntad.
CUALIDADES HUMANAS
Voy a hacer una columna abstracta a sabiendas, pero también sabiendo que cada lector va a identificar perfectamente lo que digo, con su vida o con la de otros. Yo creo que es bueno en la vida conocer lo que se quiere, tener las cosas claras. Es difícil que lleguemos a donde queremos si no lo identificamos, y me parece que eso ocurre constantemente, y que a la mayoría de personas les sucede, simplemente, que no saben lo que quieren, adónde quieren llegar. El cómo puede ser más difícil, pero colocarse una meta no lo es tanto, y dentro de ella metas parciales.
Lo difícil es el viaje, porque éste tiene muchas etapas, hay accidentes, desvíos, rodeos, e incluso bandidos y piratas. Todo esto, que son obstáculos, le da por otro lado aliciente a la vida. Siempre que el final, cuando llega el “The End”, y que cada uno piense cuál es ese momento, estemos donde queremos estar. Aunque todo es susceptible de cambiar… la vida da muchas vueltas, ¿verdad?
Hay que luchar, hay que formarse, constantemente, hay que perseguir algo, no hay que desanimarse, al menos no por mucho tiempo, y hay que soltar improperios, si es necesario, pero rápidos y para desahogarse, porque hay que seguir adelante. La vida no se para, la tierra sigue girando, y aunque nosotros nos tumbemos en el sofá y nos apartamos del mundo, siguen ocurriendo cosas, con nosotros o sin nosotros.
Para un ejecutivo la corbata es como el casco. Va a la guerra, por mucho que le guste su trabajo. Él ha elegido, si ha tenido suerte, si tiene talento y se le valora, el lugar en el que está trabajando. Tendrá sus aspiraciones, sus ambiciones; sabrá lo que quiere ser dentro de diez años, adónde quiere llegar. Un paso en falso puede traer muchos disgustos, desviarnos del objetivo, sea el que sea, pero ningún paso, por muy malo que sea, es suficiente para apartarnos definitivamente de lo que queremos.
Para los clásicos griegos el fin de la vida era la felicidad, lograr la felicidad. Yo no sé si esto es aplicable hoy en día, a nuestras vidas rápidas, cibernáuticas, impacientes; supongo que sí, porque las personas al final siempre quieren lo mismo: la plenitud, la comodidad, hacer lo que les gusta, en el trabajo o fuera del trabajo, y, como decía el Arcipreste de Hita, “yacer con hembra placentera”, o varón placentero… Siempre las mismas cosas: perseguimos la felicidad. Lo que no está claro es que sepamos qué es la felicidad; aunque lo nieguen muchos la identifican con el dinero, por eso hay tantos ricos vocacionales, y tantos que serán frustrados. Pero la felicidad es alimentar en el interior un fuego y mantenerlo vivo, pero equilibrado, aceptando que el equilibrio nunca será perfecto. Yo creo que el máximo talento que hay en la vida es precisamente tener el acierto de identificar qué nos da la felicidad. Una vez que uno lo ha identificado no tiene más que cultivarlo y perseguirlo. Y que nuestros sueños de hoy sean la realidad del mañana.
Eduardo Martínez-Rico
CUALIDADES HUMANAS
Voy a hacer una columna abstracta a sabiendas, pero también sabiendo que cada lector va a identificar perfectamente lo que digo, con su vida o con la de otros. Yo creo que es bueno en la vida conocer lo que se quiere, tener las cosas claras. Es difícil que lleguemos a donde queremos si no lo identificamos, y me parece que eso ocurre constantemente, y que a la mayoría de personas les sucede, simplemente, que no saben lo que quieren, adónde quieren llegar. El cómo puede ser más difícil, pero colocarse una meta no lo es tanto, y dentro de ella metas parciales.
Lo difícil es el viaje, porque éste tiene muchas etapas, hay accidentes, desvíos, rodeos, e incluso bandidos y piratas. Todo esto, que son obstáculos, le da por otro lado aliciente a la vida. Siempre que el final, cuando llega el “The End”, y que cada uno piense cuál es ese momento, estemos donde queremos estar. Aunque todo es susceptible de cambiar… la vida da muchas vueltas, ¿verdad?
Hay que luchar, hay que formarse, constantemente, hay que perseguir algo, no hay que desanimarse, al menos no por mucho tiempo, y hay que soltar improperios, si es necesario, pero rápidos y para desahogarse, porque hay que seguir adelante. La vida no se para, la tierra sigue girando, y aunque nosotros nos tumbemos en el sofá y nos apartamos del mundo, siguen ocurriendo cosas, con nosotros o sin nosotros.
Para un ejecutivo la corbata es como el casco. Va a la guerra, por mucho que le guste su trabajo. Él ha elegido, si ha tenido suerte, si tiene talento y se le valora, el lugar en el que está trabajando. Tendrá sus aspiraciones, sus ambiciones; sabrá lo que quiere ser dentro de diez años, adónde quiere llegar. Un paso en falso puede traer muchos disgustos, desviarnos del objetivo, sea el que sea, pero ningún paso, por muy malo que sea, es suficiente para apartarnos definitivamente de lo que queremos.
Para los clásicos griegos el fin de la vida era la felicidad, lograr la felicidad. Yo no sé si esto es aplicable hoy en día, a nuestras vidas rápidas, cibernáuticas, impacientes; supongo que sí, porque las personas al final siempre quieren lo mismo: la plenitud, la comodidad, hacer lo que les gusta, en el trabajo o fuera del trabajo, y, como decía el Arcipreste de Hita, “yacer con hembra placentera”, o varón placentero… Siempre las mismas cosas: perseguimos la felicidad. Lo que no está claro es que sepamos qué es la felicidad; aunque lo nieguen muchos la identifican con el dinero, por eso hay tantos ricos vocacionales, y tantos que serán frustrados. Pero la felicidad es alimentar en el interior un fuego y mantenerlo vivo, pero equilibrado, aceptando que el equilibrio nunca será perfecto. Yo creo que el máximo talento que hay en la vida es precisamente tener el acierto de identificar qué nos da la felicidad. Una vez que uno lo ha identificado no tiene más que cultivarlo y perseguirlo. Y que nuestros sueños de hoy sean la realidad del mañana.
Eduardo Martínez-Rico
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